ORGANIZACIONES INTELIGENTES

Pensar Corporativamente
Por el sólo hecho de que existan, suele darse por descontado que las organizaciones (llámese así a empresas, industrias, emprendimientos o asociaciones de cualquiera de estos tipos, existen desde siempre y lo harán por toda la eternidad) lo cierto es, que para ser duraderas, las organizaciones necesitan más que un impulso inicial, pensar corporativamente es un trabajo de la gerencia para garantizar la permanencia institucional en el tiempo.

La palabra organización viene de la raíz griega organón, que significa instrumento, herramienta, útil. La organización es entonces un instrumento para alcanzar un fin, o dicho de otro modo, toda organización es creada con un propósito determinado. Establecida por la alta gerencia, la razón de ser de una empresa o institución se convierte en la idea fundamental alrededor de la que se aglutinan los recursos para materializar el acto creador de un colectivo en un producto final o servicio de utilidad para alguien más, y es este proceso, de principio a fin, el que define como tal a una organización.

Desde el enfoque de la mercadotecnia, las organizaciones, también tienen ciclos de vida como está definido el de los productos, la analogía permite situar a la empresa, institución o emprendimiento en un mercado, la diferencia básica entre un producto y una empresa es que para el primero se utilizan las ventas como parámetro esencial para evaluar su evolución desde que éste es lanzado al mercado y durante todo el lapso que permanece en él. Para las organizaciones, este proceso no es exactamente igual, debido, principalmente, a que las empresas o emprendimientos carecen, generalmente de los atributos tangibles que sí tienen sus productos.

Los atributos de las organizaciones son, generalmente, intangibles, como ejemplos figuran, la confianza que sea capaz de generar en sus públicos objetivos,  o el prestigio con el que cuente, entre otros, y en estos casos lo determinante no son sólo los productos o servicios con los que  una institución intente satisfacer las demandas de un mercado, sino las políticas corporativas o institucionales, de producción, comercialización, distribución y post-venta que acompañan esos productos o servicios. Esto es, básicamente el ejercicio de gerencia abordado aquí como pensar la organización, que implica tener la visión, convertirse en estratega y desarrollar destrezas de liderazgo institucional o corporativo.

Para la gerencia es necesario conocer con exactitud su empresa u organización y ubicarla con precisión en la etapa del ciclo de vida del producto, que definió en 1965, Theodore Levitt por primera vez, ya que esto le permite entender mejor la relación entre la empresa y el mercado, de la misma forma que debe hacer con cada uno de los productos que elabora. La única posibilidad de alcanzar un objetivo es apuntar con precisión hacia él y para eso debe saber, exactamente, dónde está parado.

Las etapas que conforman el ciclo de vida del producto y que aplican también para las organizaciones son cuatro: Introducción o lanzamiento, Crecimiento, Madurez y Declive. Cronológicamente, desde que comienzan las operaciones de una empresa se habla de su lanzamiento al mercado. El proceso que le permite ir acumulando logros y experiencia corresponde a su crecimiento. Y la madurez coincide con la etapa en la que está más afianzada en el mercado, respecto a sus competidores y a la preferencia de su público objetivo.

A diferencia de los productos, las empresas pueden aplicar procesos de reingeniería, para reinventarse y continuar siendo competitivas, el momento de hacerlo obligatoriamente, es cuando comienza su declive. Es la etapa en la que se redefinen sus propósitos, ya sea para adaptarse a nuevas realidades, volverse más competitivas, ampliar sus públicos o mercados objetivos. Por esto, una constante en las organizaciones es, y debe ser siempre, su capacidad para el cambio, porque las organizaciones, al estar constituidas por personas, están signadas por los procesos humanos, y la mutabilidad es parte de las dinámicas humanas.

La historia mundial recoge claros ejemplos de estos cambios, como la revolución industrial, que significó un hito en el surgimiento de todo tipo de organizaciones. Hoy, la revolución electrónica (llamada también la revolución de la información) es el nuevo gran salto del que emergen plataformas, con nuevas tecnologías que lograron la transformación del antiguamente indispensable papiro, en una nube escrita y alimentada en código binario, en la que se alojan siglos de conocimiento, desde la antigüedad hasta la modernidad, al alcance de un enlace web.

Pensar y repensar las organizaciones

En este contexto, aplica también a las instituciones la máxima señalada por Charles Darwin en “El origen de las Especies” (1859), adaptarse o morir. Por eso, corresponde a los cuadros gerenciales de las organizaciones pensarlas y repensarlas, como parte de una realidad, que ya se aclaró, es permanentemente cambiante, pero que además tiene una doble dimensión, una externa, determinada por los factores geográficos, políticos, de mercado (Clientes/usuarios, competidores, normas legales) y una realidad interna, compuesta por sus propios recursos (humanos, tecnológicos, financieros) que se manifiestan de manera interdependiente.

Pensar las organizaciones es una función de la gerencia estratégica y es un proceso que la acerca más a su potencial y la prepara para responder a las necesidades que surjan desde lo interno o lo externo de su estructura. Pensar como acto creador, en parte arte y en parte aplicando método o ciencia es una responsabilidad de tiempo completo para gerentes modernos. Es diagnóstico permanente. Es compromiso intelectual y emocional que requiere conocimiento actualizado del entorno, empatía con los usuarios internos y externos, proactividad, poder de decisión, sentido de oportunidad e incluso un buen instinto.

De la misma forma que el organismo humano es controlado por estructuras mentales intrínsecas, las organizaciones se edifican sobre los procesos de la gerencia, que son análisis, estudio y reflexión para definir el accionar de la organización en su conjunto. Pensar, en este contexto, equivale a considerar y distinguir entre sí las capacidades, potencialidades y necesidades de todos sus componentes y utilizarlas para aprovechar las oportunidades que tiene o pueden generarse para una institución en particular. Las nuevas tecnologías pueden ser aliadas en este proceso si existe la disposición para explorar la visión global de la gerencia.

“Cogito ergo sum”, del filósofo francés René Descartes, frase en latín que traduce con mayor precisión “pienso, por lo tanto, soy” aplicable a la gerencia organizacional, pues sólo a través del proceso de pensar las instituciones estas existen de manera competitiva, y estratégicamente, repensarlas constantemente permite aspirar a la continuidad sostenida en el tiempo, conociendo y gerenciando los riesgos de mercado y aprovechando al máximo las fortalezas corporativas. Las organizaciones se piensan desde antes de fundarlas y durante todo su  ciclo de vida. Dejar de pensar las organizaciones es fijarles fecha de caducidad.

Como parte del proceso de modelar las organizaciones y de acuerdo al objeto que se pretende alcanzar con ellas, deben practicarse estilos gerenciales capaces de pensar y repensar instituciones o empresas para estructurarlas en componentes y procedimientos que les permitan alcanzar el fin determinado con la mayor eficiencia. Se piensa una institución, permanentemente, para asegurarse de que cada uno de sus procesos es coherente con sus objetivos y para corregir oportunamente cuando sea necesario para poder aspirar a tener empresas y organizaciones longevas.