La Cultura de la organización y el aprendizaje corporativo

En una economía cuya ùnica certidumbre
es la incertidumbre, la mejor fuente para obtener ventajas
competitivas duraderas es el conocimiento.

Ikuro Nonaka, 2000.

El aprendizaje organizacional o corporativo representa un contexto complejo por la gama de informacion interesante que contiene. Desde el momento en que se crea una empresa o institución (grande, mediana o pequeña) se genera toda una dinámica organizacional, que inicia con la constitución legal de la empresa, la identificación de su razón de ser, la descripción de los bienes, productos o servicios que ofrecerá, todo lo relacionado al lugar donde funcionará (ubicación estratégica), y tambièn involucra contar con los recursos necesarios para su operatividad: equipos, materiales, sistemas tecnológicos, de seguridad, humanos, entre otros. Ya se está construyendo y visionando el tipo de cultura organizacional, que estará dada por la misión institucional, visión, objetivos estratégicos y valores.

Las organizaciones se crean por dos razones fundamentales, porque están presentes las necesidades que demandan su existencia, o porque hay  una necesidad en el mercado, que antes no había sido percibida como tal, surgiendo de este modo una innovación, la cual posiblemente repercutirá e influirá en otros sistemas para que se renueven o para que se creen. Considerando que el origen y razón de la creación de empresas públicas o privadas, responde a la satisfacción de unos clientes o usuarios potenciales, el aprendizaje continuo deberá ser el norte de su cultura organizacional, debido a que comenzará a interactuar en un entorno cambiante, que exige incorporar adaptaciones en lo interno, para ir evolucionando y en algunas ocasiones reinventándose.

Una vez que la nueva empresa/instituciòn cubra todo el proceso legal, de infraestructura, aspectos técnicos, operativos y funcionales, el paso siguiente estaría enfocado en contar con el equipo de trabajo, como el principal motor encargado de ejecutar las labores necesarias para lograr que la empresa pueda operar. Se conforman entonces los roles dentro de la organización, definiendo quién estará a cargo de cada actividad, quién responderá por los resultados esperados y convenidos previamente. Corresponderá a la dirección conjuntamente con el área de recursos humanos la selección del personal idóneo para emprender la misión de la organización con éxito. Deberá quedar claramente explicito lo que se pretende alcanzar con la participación de cada miembro, y lo que se espera de ellos. 

Términos tales como; trabajo en equipo, calidad, eficiencia, excelencia, competitividad, productividad y aprendizaje, serán algunos de los valores que definirán la cultura, la cual debe ser conocida y compartida entre los miembros de la organización.  En este punto de arranque de la nueva empresa, se da un aprendizaje inicial, aprendiendo a constituirnos como tal, donde la dedicación del emprendedor o director asignando será de alta exigencia, y con una buena dosis de iniciativa y riesgo. Lo que se espera en esta etapa es tener un buen inicio e ir desarrollando el negocio, producto o servicio hasta ocupar un lugar importante que será dado por el reconocimiento  de los clientes y/o usuarios.

El tiempo en lograr este reconocimiento dependerá de los niveles de excelencia que muestre la organización, principalmente, lograda a través de la preparación y capacitación de su personal. De igual forma, dependiendo de los cambios del entorno del cual forme parte la empresa, se verá motivada a aprender a adaptarse, con el fin de mantener esa excelencia como parte de la cultura organizacional. Es un constante aprendizaje, en pequeñas o grandes proporciones, en función de las necesidades de crecimiento y desarrollo del equipo de trabajo, producto de las iniciativas y conocimientos del líder.

El valor del aprendizaje en una cultura orientada hacia la excelencia

Las organizaciones aprenden cuando el equipo de trabajo desarrolla y obtiene nuevas competencias para poder dar frente a las exigencias del entorno, y cuando este enfoque, “el de aprender” es considerado como un valor primordial. El aprendizaje forma parte de la dinámica de toda empresa e institución, por ello es indispensable conocer en qué consiste y que conlleva este proceso para evaluar y comprender en dónde estamos, hacia dónde queremos ir, y cómo vamos a abordar los cambios, en función de preservar la permanencia y existencia de la organizaciòn de la mejor manera posible.

El aprendizaje constituye un elemento natural de las empresas e instituciones, que puede pasar desapercibido al centrarnos tan solo en el cumplimiento de la planificación y los objetivos estratégicos como punto focal de la productividad, sin fijarnos que este proceso está presente en toda la trayectoria de maduración, desarrollo y crecimiento de las organizaciones y que requiere ser evaluado cada cierto tiempo para incorporar el conocimiento más pertinente.

Puede darse, que en un momento determinado y por diversas circunstancias, el aprendizaje organizacional sea bajo o nulo, manteniéndose un “estatu quo” que resultará negativo y actuará en prejuicio de la organización y sus miembros. En otras ocasiones, también puede resultar un lapso de acoplamiento y estabilización, dado que la organización se encuentre en una etapa de cambio e innovación.  Estos aprendizajes y cambios pueden contener procesos productivos por un buen tiempo, según lo estimado en el plan de mejora, luego habrá que incorporar nuevos cambios producto de la medición de los resultados.

Este proceso dirigirá a la organización hacia la necesidad de aprender a aprender. El cambio, la innovación y el aprendizaje organizacional van de la mano, y definirán la filosofía de gestión del capital humano traducido en el logro de los mejores resultados. El aprendizaje organizacional forma parte de los valores organizacionales que conllevará a la conformación de una cultura hacia la excelencia, una garantía que servirá a clientes y usuarios como punto de comparación, al momento de evaluar y elegir a una empresa o marca en particular.

En una cultura de aprendizaje, las organizaciones dirigirán sus esfuerzos a mantenerse funcionando bajo estándares que ofrezcan calidad y confianza, y para ello incluirán mecanismos que le permitan desarrollar sus sistemas y procesos con los mejores resultados, incorporando a su ciclo de operación la renovación y actualización cuando así se requiera. Es así como recibe insumos, demandas de su entorno para producir, operar y desarrollar  recursos, productos y/o servicios, y en consecuencia proceder a entregar unos productos, resultados o servicios a satisfacción de un cliente o usuario.  Es esta interacción que representa el ciclo de todo proceso, y que necesariamente incluye un aprendizaje para su permanente renovación y actualización.

Vale resaltar la importancia de contar con una cultura de aprendizaje, y observar ejemplos que han significado modelos de invenciones e innovaciones en la historia mundial, entre los que se pueden destacar la era industrial de la imprenta que tuvo sus inicios en 1811, cuando el inventor Friedrich Koening, de origen alemán, crea la máquina de impresión cilíndrica a vapor, de alta velocidad. Fue una de las más importantes innovaciones de la revolución industrial en el siglo XVIII. Otra invención en el siglo XX, fue en el campo de la era digital, que fija su comienzo en 1991 con la crecida de los ordenadores y la globalización de la digitalización.  En el año 2007 Steve Jobs presentó el primer teléfono móvil inteligente.

Son ejemplos del aprendizaje implícito en todos los campos del acontecer humano, del cual formamos parte como seres de una sociedad, que trascendemos el presente, y donde participamos en conjunto como humanidad, adaptándonos a los resultados de estos avances. Al adecuarse, se dispone también a formar grupos, constituirnos en organizaciones de diversas ramas y tipos, con el objeto de ofrecer y aportar un beneficio.  

Las organizaciones formales proveen una estructura y un sentido a un fin perseguido en común para lo cual sintoniza con los requerimientos externos. En general una cultura orientada hacia el aprendizaje cumple un rol fundamental en el individuo, grupos sociales, equipos de trabajo y en las organizaciones, cuyos resultados seràn traducidos a mantener la excelencia en nuestra razón de ser.  Estamos permanentemente aprendiendo.