Con el auge del internet se incorporaron instrumentos que permiten compartir rápida y eficazmente bienes, servicios y hasta las habilidades. De esta manera, millones de personas pueden encontrar a otras con las cuales intercambiar o compartir según sus necesidades. En ese contexto surgió también la economía colaborativa on line.

De hecho, ésta se trata de una modalidad de economía que obedece más al capital social que al del mercado. Se caracteriza porque es alimentada más por la confianza social en bienes comunes, que en los factores que rigen esos mercados.

Sin duda alguna, en los últimos años, las nuevas tecnologías y el internet han promovido modelos de consumo alterno. De esta manera, la relación entre el que ofrece y el que demanda un bien o servicio, ha cambiado considerablemente. Sin duda alguna, la economía colaborativa es el modelo que ha logrado más adeptos.

Esencialmente, consiste en alquilar, prestar, vender o comprar productos, basado en las necesidades del usuario y no en los beneficios económicos. Por lo que, el dinero no es el valor de cambio exclusivo para realizar las transacciones.

Los intercambios que se dan en la economía colaborativa pueden ser de bienes y servicios, bienes y bienes, o servicios y servicios. Por ejemplo, si una persona puede alojar en su casa a otra por unos días, pudiera intercambiar por unas clases de matemáticas o de inglés. Básicamente su propio nombre señala un modelo que se enfoca en la ayuda mutua.

Desde que la economía colaborativa irrumpió en 2010, este modelo ha logrado penetrar en la mayoría de los sectores económicos. Sin embargo, parece prematuro asegurar que el mismo logrará un alcance de manera global, o solamente será parcial.

Sistemas que abarcan los proyectos de economía colaborativa

Las diferentes formas de este modelo se pueden agrupar en estas tres categorías:

  1. Los sistemas que se basan en el producto

Esencialmente, comprende aquellas iniciativas caracterizadas por el pago que se hace por utilizar el producto. En ningún caso, se paga por el derecho de la propiedad sobre el mismo. De este modo, se rompe con el paradigma que la mayoría de las industrias mantienen en busca del aumento escandaloso del dominio privado.

Por ejemplo, compartir el vehículo con otras personas que a diario utilizan la misma ruta para trasladarse a sus destinos. También, puede darse el alquiler de alguna herramienta de uso común y doméstico, como un corta cable o un taladro. De esta forma, algunos bienes que sólo utilizamos algunos minutos en su vida útil, pueden compartirse con otras personas. Igualmente, con estos arrendamientos se obtiene mayor provecho de estos utensilios, sin necesidad que cada persona posea uno.

  1. Sistemas de redistribución.

Acá se ubican los proyectos que promueven la reasignación de la propiedad de un producto a otra persona distinta del dueño original. Por tanto, ese producto ya no está siendo aprovechado por este último. Es decir, se reasigna a otra persona que pueda darle una apropiada utilidad a ese objeto.

En este sistema pueden observarse dos modalidades:

  1. Por un lado, los proyectos que impulsan la cesión del bien sin esperar algo a cambio. Esto es, personas que entregan bienes en desuso a otras que puedan darle una mejor utilidad.
  2. Por otra parte, están los proyectos de intercambio o trueque, donde los individuos canjean artículos o bienes entre sí. También, se da la venta de bienes o productos usados a precios muy inferiores a los del mercado. Por supuesto, se trata de objetos que aún le restan varios años de vida útil.
  1. Los estilos de vida colaborativos.

Los dos sistemas anteriores se centran exclusivamente en compartir bienes materiales o tangibles. En cambio, esta categoría agrupa iniciativas relacionadas con el intercambio de bienes que son menos tangibles. Por ejemplo, las habilidades personales, el tiempo, los espacios y los conocimientos, entre otros. De esta manera, muchas personas podrán adquirir sapiencia, conocimiento o experiencias, sin necesidad de hacer grandes inversiones.

Un ejemplo, el viajero que desea conocer otras ciudades alquila un espacio disponible de un habitante del lugar de destino. Así, además del lugar para pernoctar, adquiere conocimiento y experiencia turística que esa persona tenga sobre su lugar de residencia.

Entendiendo estos tres sistemas, podemos tener una visión más clara sobre cómo está moviéndose la economía colaborativa en la sociedad. De la misma manera, se comprende mejor que no existe límite alguno para conectar, compartir y colaborar. Además, en torno al deseo de unirse y ayudar a otras personas, a la sociedad en la que vivimos y al medio ambiente.

A este modelo de economía también se le denomina economía compartida o consumo colaborativo.

Formas de economía colaborativa

Con base en las necesidades y productos, se observan varios tipos de relaciones dentro de la economía colaborativa, así tenemos:

  1. El Consumo colaborativo.

Su objetivo es el de aprovechar el poder de las redes peer to peer y de internet. Esto, en el sentido de reinventar cómo intercambiar, compartir, alquilar o comercializar bienes y/o servicios. Esta forma es muy probable que sea la más conocida y utilizada hoy día.

  1. Las finanzas participativas y el capital distribuido

El dinero en sí, es un instrumento de intercambio que se basa en la confianza entre quienes lo utilizan. En este sentido y tras la crisis financiera, son muchos los que han buscado reformular el concepto del dinero. Ello incluye la forma como es creado y como circula, así como sus funciones. De esta manera, se está generando confianza en otros mecanismos por parte de la comunidad. Por lo que se empieza a disminuir la dependencia de los bancos y del dinero.

Ejemplos de esta forma: los préstamos, microcréditos, donaciones, ahorros y vías de financiamiento, se mencionan en este sub grupo. De esta manera, los usuarios entran en contacto, para satisfacer sus necesidades en alguno de ellos.

  1. El conocimiento abierto.

Es este concepto el que constituye los cimientos de la economía colaborativa, afectando a las otras formas. Básicamente, ha alcanzado tal impacto y velocidad debido al uso de herramientas y prácticas abiertas por los líderes de los proyectos. En consecuencia, estos modelos de economía crecen y se distribuyen mucho más rápido de lo que lo hicieran en una economía tradicional. Por ejemplo, la innovación abierta.

En el campo de los bienes intangibles, como conocimientos, ideas o datos; al compartirlos, se genera una abundancia de los mismos. De este modo, la economía tradicional queda fuera de juego, porque se basa en gestionar  recursos escasos.

Con esta idea del conocimiento abierto, la economía colaborativa está creando la base para construir sociedades colaborativas y sostenibles. Esto es, mediante la democratización y apertura de los gobiernos, incluidas la economía, la cultura, la educación y la ciencia.

  1. Producción colaborativa:

Se trata de la promoción y difusión de proyectos o servicios de cualquier tipo utilizando las redes de interacción digital. La diferencia respecto de los modelos anteriores, es que lo que se ofrece en estas células también se produce en su seno.

Beneficios de la economía colaborativa

Son variadas las ventajas de este modelo de economía para negocios. Entre las principales se cuentan las siguientes:

Una de las críticas a este modelo de economía está fundamentada en la preocupación por la incertidumbre en materia regulatoria. Por tanto, ya la Unión Europea en el año 2014, redactó un dictamen para regular la economía colaborativa.

La economía colaborativa es considerada como la respuesta a la ineficiencia e inequidad del mundo. De esta manera, se conocen cifras reveladoras de la situación decadente de la economía tradicional, así tenemos:

Tiene mención especial el hecho real de que no todas las personas cuentan con los recursos financieros suficientes. Por lo que, no pueden pagar por todos los productos o servicios que necesita y desea. En consecuencia, la economía colaborativa viene a ser la solución ideal para satisfacer sus necesidades.