Todos los procesos productivos a nivel de industria y comercio requieren la incorporación, en alguna medida, de recursos naturales como el agua, incluso el aire que respira su personal es un recurso necesario que debe estar asociado, necesariamente, a la gestión de la productividad empresarial de manera sustentable, en igual medida que el capital humano necesario para activar y llevar a cabo casi todos los procesos, ya que, hasta ahora, no ha podido ser sustituido, completamente, en industrias, fábricas o comercios, el talento sigue siendo humano.

También son seres humanos los usuarios finales o compradores de los servicios o bienes producidos, y éstos, al igual que el grupo señalado anteriormente requieren unas condiciones mínimas de habitabilidad que el planeta debe tener para que la vida y las relaciones de mercado se continúen dando de manera más o menos permanente. Sin embargo, la forma de explotación de esos recursos naturales, a raíz de la revolución industrial elevó la relación dialógica producción/consumo a niveles de depredación ambiental insostenible.

Esta forma de usufructo de los recursos naturales para transformarlos en bienes con un altísimo impacto en el ambiente, se ve claramente con la generación de energía eléctrica en grandes los complejos hidrológicos, que ocasionan enormes desequilibrios en los ecosistemas y que, obviamente, afectan el bienestar humano y se convierten en una amenaza para la vida en general. El descubrimiento de esta huella que deja el actual sistema de producción generó, desde las últimas décadas del siglo pasado, inquietudes conservacionistas que apuntan a humanizar estos modelos productivos.

Desde antes de entrar en el nuevo milenio, la Organización de Naciones Unidas hizo un importante despliegue  para posicionar el concepto de que el planeta es, en sí, un recurso limitado, para aportar una perspectiva que ayude a visibilizar los procesos productivos dentro del ecosistema que es la Tierra, cuya fragilidad depende del uso responsable de los bienes que se encuentran en él, y que pueden ser procesados controlando los riesgos de afectación por el vertido de sustancias líquidas o desechos sólidos lanzados de vuelta al entorno, y afectando el delicado equilibrio del aire, el agua de consumo humano y la destinada a los procesos productivos.

Esta iniciativa apunta a generar conciencia  del impactado que el comportamiento arriba señalado tiene sobre el planeta cuando multiplicamos por los 6.070.581.000 de personas que poblaban la Tierra para el año 2000 y que aumenta día con día.

A partir de estas realidades la gerencia moderna está llamada a incorporar el concepto de sustentabilidad en las acciones de planificación, ejecución y control de los procesos empresariales bajo su supervisión, como una alternativa para frenar el ciclo que contamina y acaba los recursos de la naturaleza, afectando al talento humano de la organización y a consumidores y usuarios por igual, como habitantes de un planeta degradado por el mal manejo de sus recursos. Es decir, debe reflexionar y modificar la explotación ambiental por un modelo más amigable con el entorno.

El concepto de sustentabilidad  o  sostenibilidad, relativamente nuevo, se convierte entonces en un arquetipo de nueva relación con el ambiente, que pasa por ajustar cada acción y cada proceso a un manejo mucho más eficiente del consumo energético, por un lado,  de las materias primas, de los residuos y desechos resultantes de los procesos de transformación, para minimizar la contaminación ambiental, que ha generado las manifestaciones más extremas de la naturaleza englobadas en el cambio climático (aumento de la temperatura producto de la emisión de gases de efecto invernadero).

Esta problemática global que afecta de distinta manera todas las latitudes del mundo y compromete a todos con la creación de entornos de trabajo sostenibles dentro de ciudades más ecológicas, asigna una cuota de responsabilidad importante a la gestión de las organizaciones. Como los modelos gerenciales, a lo largo de la historia, lo que hacen es reproducir de alguna manera estilos de vida y patrones de comportamiento, ajustados a los procesos productivos, es razonable entonces asumir que en el caso de la sustentabilidad esto no tiene por qué ser diferente, sólo falta dirigir la atención hacia los ejemplos adecuados.

¿Cómo dar el paso hacia la Empresa sustentable?

Los pueblos originarios de todo el orbe son arquetipos de sostenibilidad ambiental, ciertamente sus poblaciones eran mucho más pequeñas que la media de los centros urbanos  de hoy. Sin embargo, son sus modelos de relación con el entorno los que ofrecen pistas para cambiar de paradigmas y copiar nuevos parámetros de conducta a imitar en los entornos laborales. Las culturas asentadas en la América del sur, por ejemplo, llegaron a utilizar tecnologías que aún en nuestros días no han sido comprendidas del todo, pero que proveían a sus integrantes de un bienestar general que hoy sería envidiado por muchos sectores de las sociedades modernas.

La empresa sustentable tiene la posibilidad de fortalecer  su capacidad de dar respuesta a las demandas de los nuevos tiempos. Las organizaciones con políticas sostenibles sirven para definir, alcanzar y evaluar los propósitos con gestiones más eficientes que observen el adecuado uso de los recursos disponibles, incluidos el aire, el suelo y el agua en condiciones adecuadas, que hoy resultan menos accesibles para la población general, justamente para revertir esa tendencia. La sustentabilidad no sólo es relativa al manejo de los recursos naturales, también los obtenidos a partir de éstos como las fuentes de energía tienen roles protagónicos.

La producción sostenible tiene mucho de responsabilidad social empresarial, de ética corporativa, pues es un compromiso de la gerencia migrar a prácticas que se conjugan para que el excesivo consumo de energía  deje de ser un problema con impacto global, no importa el tamaño de la empresa, porque  los procesos sustentables son manejables incluso para emprendimientos y pequeñas empresas que desarrollan sus capacidades de contribuir con la mejora de las condiciones de vida cotidianas.

Sin embargo, empresas de larga tradición han sido pioneras en incorporar prácticas ecológicamente responsables como el tratamiento de las aguas resultantes de los procesos productivos antes de devolverlas al entorno. En el marco de la sustentabilidad, también el ahorro energético, es atractivo, no sólo desde el punto de vista ambiental, sino también económico, resultante de evaluar el diseño y cuantificar el consumo de energía en cada proceso productivo, para implementar medidas alternativas que permitan incrementar la competitividad empresarial.

Paradójicamente, el desarrollo tecnológico de estos tiempos permite contar con plantas de tratamiento que alivien la carga de sustancias y materias contaminantes, sin embargo, su uso e instalación no son tan generalizados como deberían, por eso no llega a disminuir el impacto del modelo productivo explotador del ambiente. Es la cultura la que resulta decisiva para dirigir  el esfuerzo físico y mental en la trasformación de la naturaleza, las características o las condiciones de una realidad o situación determinada, de manera menos explotadora.

Hoy existen también emprendimientos basados en el reciclaje de productos de desecho que logran desarrollar productos nuevos, disminuyendo el impacto ambiental. Desde cosas tan inusuales como fabricar suelas de zapatos a partir de goma de mascar desechada, o tuberías con bolsas plásticas usadas como materia prima, existen organizaciones aplicando tecnologías con visión de sustentabilidad. Si bien estas son organizaciones que nacen con ese enfoque, pueden servir de referentes para movilizar la estructura corporativa en esa dirección.

La adecuada disposición final y el reciclaje de los materiales residuales de los procesos productivos es una medida de sustentabilidad que ha ido ganando terreno entre las políticas empresariales.   Estas se implementan desde la convicción ética ecológica, porque desde allí resulta natural integrarla a todos los procesos, y es fundamental para superar las amenazas de la  competencia, crea vínculos con grupos sociales que simpatizan con las causas ambientales.

La sustentabilidad es una nueva forma de relación con el entorno de la empresa, el ambiente y cada ser humano, que contempla la rentabilidad económica y el beneficio colectivo de un bajo impacto ambiental con la satisfacción de aquellos a quienes se sirva, con alto grado de moral y sentido de realización corporativa. Es generar prosperidad a partir de procesos productivos cada vez más limpios.